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9 marzo, 2020 Traducci√≥n al espa√Īol del art√≠culo de Kevin B. Anderson
9 marzo, 2020 Traducci√≥n al espa√Īol del art√≠culo de Kevin B. Anderson

Los chalecos amarillos en Francia: un movimiento de masas autogestionado con aires de insurrección

Traduci√≥n al Espa√Īol de un art√≠culo sobre la situaci√≥n pol√≠tica en Francia y la llamada ¬ęRevoluci√≥n de los Chalecos Amarillos¬Ľ.

chalecos amarillosfranciapoliticaTraducci√≥n Espa√Īol

Traducci√≥n a Espa√Īol del art√≠culo ¬ęThe French Yellow Vests: A Self-Mobilized Mass Movement with Insurrectionist Overtones¬Ľ, art√≠culo sobre la revuelta pol√≠tica conocida como los Chalecos Amarillos, surgida en Francia en 2019, escrito por Kevin B. Anderson y publicado originalmente en Franc√©s en el IMHO Journal.

* * *

Resumen: Los hechos acontecidos en Francia, un país desarrollado industrialmente desde la casi revolución de 1968, han traído consigo un aroma a revolución alcanzando niveles insospechados, poniendo en duda también las contradicciones de clase, raza, género y organización del movimiento.

La ira de los trabajadores franceses como algo tangible

Despu√©s de semanas llenas de rumores en las redes sociales, el movimiento de los chalecos amarillos (Gilets Jaunes, en franc√©s) emergi√≥ de repente el 17 de noviembre, cuando 300.000 protestantes ocuparon carreteras y plazas tanto en las afueras como en √°reas rurales. Llevaban puesto el chaleco reflectante que todo conductor debe llevar en su coche por ley, convirti√©ndolo de forma instant√°nea en el emblema del movimiento. Durante dos semanas, los chalecos amarillos tambi√©n se adentraron en el coraz√≥n de Par√≠s, bloqueando los dorados Campos El√≠seos hasta casi alcanzar el palacio presidencial. Desde el principio, el n√ļmero de mujeres participantes en las ocupaciones locales y en las marchas callejeras fue inusualmente notable. Adem√°s, los chalecos amarillos ahuyentaron a muchos pol√≠ticos, incluyendo algunos de la izquierda francesa, que visitaron las zonas de protesta.

El 17 de noviembre y durante varias semanas de protestas masivas, las multitudes manifestantes tuvieron que enfrentarse a la brutalidad policial t√≠pica del r√©gimen franc√©s, ante lo que levantaron barricadas en los Campos El√≠seos y atacaron el Arco del Triunfo y las tiendas de lujo. Entre los esl√≥ganes que dejaron en las paredes y se gritaban entre las multitudes, pod√≠an escucharse lemas como ¬ęDerrocar a la burgues√≠a¬Ľ, en referencia a la dimisi√≥n inmediata del presidente neoliberal Emmanuel Macron; y, ¬ęHemos cortado cabezas por menos que esto¬Ľ, haciendo referencia a la Gran Revoluci√≥n de 1789 (Alissa J. Rubin, ¬ęFrench Protestors Chide Macron¬Ľ, New York Times 12/3/18).

Pero junto a esta ira candente no apareci√≥ el nihilismo de la destrucci√≥n pura, sino las aspiraciones sinceras de un futuro m√°s humano; lo que en t√©rminos dial√©cticos se conoce como lo positivo en lo negativo. Como declararon los chalecos amarillos de Saint-Nazaire en noviembre: ¬ęNuestro objetivo no es destruir, sino todo lo contrario, construir un mundo m√°s humano para nosotros y para las generaciones futuras… La soluci√≥n est√° en nosotros mismos, trabajadores, desempleados y pensionistas de todos los or√≠genes y de todos los colores¬Ľ (Gilets Jaunes: Des cl√©s pour comprendre https://www.syllepse.net/syllepse_images/gilets-jaunes-des-cles-pour-comprendre.pdf).

Desde la casi revoluci√≥n de 1968, Francia ‚ÄĒo cualquiera de los llamados pa√≠ses capitalistas occidentales‚ÄĒ no ha vivido nada parecido a una serie masiva, espont√°nea y nacional de manifestaciones militantes que, adem√°s de obtener un apoyo mayoritario, lograron bloquear algunas partes cruciales de la econom√≠a, como las refiner√≠as de petr√≥leo, y poner a todo el gobierno a la defensiva. ¬ęUn aroma a revoluci√≥n flotaba en el aire¬Ľ, tal y como se comentaba entre los militantes de la extrema izquierda (¬ęUne situation excellente?¬Ľ) Plateforme d’Enqu√™tes Militantes 12/6/18 http://www.platenqmil.com/blog/2018/12/06/une-situation-excellente). Asimismo, cabe se√Īalar que durante el a√Īo 1968, a pesar de que Francia contaba con una poblaci√≥n menor que la actual, se vivi√≥ una situaci√≥n mucho peor, llegando a involucrar a m√ļltiples sectores de la sociedad, con diez millones de trabajadores en huelga y casi todas las principales instituciones econ√≥micas y educativas ocupadas por trabajadores o estudiantes. No debemos olvidar los levantamientos iniciados en los guetos de afroamericanos y latinos de los Estados Unidos durante los a√Īos sesenta y posteriores, ni las manifestaciones similares de los √ļltimos a√Īos en Francia y Reino Unido emprendidas por la poblaci√≥n de color perteneciente a las clases sociales m√°s empobrecidas. Sin embargo, es la primera vez, desde 1968, que estalla en un pa√≠s capitalista desarrollado un movimiento insurreccional de masas, como el de los chalecos amarillos, formado principalmente por una mayor√≠a blanca proveniente, en gran parte, de las zonas m√°s rurales del pa√≠s.

El gobierno franc√©s, claramente agitado, se vio obligado a ceder. A pesar de haber prometido con cierta ligereza, tanto en su campa√Īa de 2017 como en la posterior, no ceder a la presi√≥n de la calle; Macron se vio obligado a retroceder de forma parcial y a acceder a algunas de las demandas de los manifestantes.

El contagio cruzó las fronteras de Francia: Bélgica experimentó huelgas masivas de nuevos trabajadores militantes contra las políticas de austeridad. Mientras, la férrea dictadura del General Abdel Fattah al-Sisi de Egipto se apresuró a prohibir la venta de chalecos amarillos como medida de precaución.

El movimiento de los chalecos amarillos se desencaden√≥ por el aumento del impuesto de la gasolina previsto para 2019, que habr√≠a afectado especialmente a los trabajadores pobres y a las clases medias-bajas fuera de los principales centros urbanos. Estos sectores de la poblaci√≥n dependen cada vez m√°s de sus autom√≥viles para trabajar y realizar otras actividades vitales en una econom√≠a cada vez m√°s deslocalizada. Mientras tanto, el mecanismo estatal centralizado ha enfocado sus iniciativas de transporte p√ļblico, entre los principales centros urbanos, en el llamativo tren de alta velocidad, provocando un deterioro en las l√≠neas de autobuses y trenes locales.

Inicialmente, el gobierno y los medios de comunicación internacionales presentaron la protesta como un enfrentamiento

entre los agravios econ√≥micos de algunos campesinos y el desmesurado objetivo ecol√≥gico del gobierno de Macron de desalentar el uso del autom√≥vil. Algo que simplemente consigui√≥ enfurecer a√ļn m√°s a los chalecos amarillos y a la mayor√≠a de los franceses; en especial, debido a que Macron fue p√ļblicamente acusado como ¬ęel presidente de los ricos¬Ľ. A medida que aumentaba el impuesto sobre la gasolina, reduc√≠a el impuesto a las fortunas (ISF) para los m√°s ricos, resultando en que ¬ęcada una de las 100 personas m√°s ricas del pa√≠s recib√≠a el equivalente a un mill√≥n de euros (1,14 millones de d√≥lares) en forma de reducci√≥n de impuestos¬Ľ (Paul Elek, ¬ęEl volc√°n popular ha vuelto¬Ľ, Transform! Europe 12-8-18 https://www.transform-network.net/en/blog/article/the-popular-volcano-is-back/ ). O, como dijo el ecologista marxista Andreas Malm: ¬ęSi alguien necesitaba otra lecci√≥n sobre c√≥mo no mitigar el cambio clim√°tico, puede dar las gracias a Emmanuel Macron. Qu√≠tale los impuestos a los m√°s ricos, y luego sube los impuestos sobre los combustibles… Las pol√≠ticas clim√°ticas del capitalismo… siempre asegur√°ndose de que toda carga recaiga sobre los hombros de los m√°s pobres¬Ľ (¬ęA Lesson in How Not to Mitigate Climate Change¬Ľ, Verso Blog 12-7-18) https://www.versobooks.com/blogs/4156-a-lesson-in-how-not-to-mitigate-climate-change ).

La lista de peticiones del movimiento y su carácter sociopolítico

Para el 29 de noviembre, se hab√≠an enviado varias ¬ędirectivas del pueblo¬Ľ al gobierno, yendo mucho m√°s all√° de la derogaci√≥n del impuesto sobre el combustible. Muchas de estas demandas reflejaron cu√°l era la inclinaci√≥n de la clase obrera o izquierdista. Algunas de ellas fueron: (1) revocar la reducci√≥n del ISF para los ricos, (2) elevar el salario m√≠nimo, (3) asegurar las prestaciones de jubilaci√≥n para todos, (4) limitar los salarios de los representantes electos en funci√≥n de los ingresos nacionales medios, (5) asegurar que los solicitantes de asilo reciben un trato adecuado, (6) proporcionar trabajo a los desempleados, (7) establecer un l√≠mite de 25 alumnos por clase en todos los niveles de educaci√≥n escolar (8) garantizar jubilaci√≥n completa a los 60 a√Īos, y a los 55 para los trabajos f√≠sicos m√°s pesados, (9) concentrar a la poblaci√≥n y promover el transporte ferroviario de mercanc√≠as por razones ecol√≥gicas, (10) detener el cierre de las l√≠neas de trenes de cercan√≠as, las oficinas de correos y las escuelas. Otras demandas eran de car√°cter m√°s proteccionista o nacionalista: (1) que grandes cadenas como McDonald’s o Google paguen impuestos m√°s altos, y los peque√Īos comercios o los artesanos paguen impuestos m√°s bajos, (2) que se proteja a la industria francesa, (3) que se proh√≠ba la venta de bienes nacionales como reservas naturales o aeropuertos, (4) que se repatr√≠e a aquellos que soliciten asilo y no lo obtengan, (5) que se garantice una mejor integraci√≥n de todos los habitantes franceses, quienes deber√°n conocer necesariamente la lengua e historia del pa√≠s (Robert Duguet, ¬ęLes Cahiers de Dol√©ances¬Ľ, en Gilets Jaunes: Des cl√©s pour comprendre, Par√≠s, √Čditions Syllepse, diciembre de 2018 https://www.syllepse.net/syllepse_images/gilets-jaunes-des-cles-pour-comprendre.pdf ).

Sin duda, es un error clasificar a los chalecos amarillos como un movimiento conservador preocupado exclusivamente por la subida de impuestos e indiferente ante el deterioro del medio ambiente, especialmente desde que se pasaron a la izquierda en las semanas siguientes a su irrupci√≥n en escena el 17 de noviembre. De la misma manera, es un error destacar √ļnicamente los elementos m√°s progresistas de sus demandas y otras articulaciones.

Las demandas m√°s preocupantes de los chalecos amarillos tienen que ver con la repatriaci√≥n de los asilados rechazados y con c√≥mo convertirse en ¬ęfranc√©s¬Ľ, ambas con un cierto aire racista. No es de extra√Īar de un pa√≠s en el que la neofascista Marine Le Pen consigui√≥ el 34 % de los votos en las elecciones nacionales de 2017; con niveles a√ļn m√°s altos en muchas zonas rurales. Como se√Īala C√©dric Durand, ¬ęEn este movimiento se encuentran cohabitando, en medio de una gran confusi√≥n, sentimientos de izquierda y sentimientos de derecha, una gran masa de gente con poca experiencia pol√≠tica, activistas anticapitalistas y fascistas¬Ľ (¬ęLe fond de l’air est jaune¬Ľ, Contretemps: Revue de Critique Communiste 12-11-18 https://www.contretemps.eu/gilets-jaunes-macron/ Citar√© extensamente tanto a escritores con un punto de vista franc√©s, como escritores con un punto de vista global, con el fin de dar una idea sobre un debate que todav√≠a est√° en curso sobre la naturaleza y el significado del movimiento de los chalecos amarillos).

Como observ√≥ la Plateforme d’Enqu√™tes Militantes, de extrema izquierda, durante las protestas del 8 de diciembre en Par√≠s: ¬ęAparecieron nuevas consignas, como ¬ęParis/Burgues√≠a/Rend√≠os¬Ľ, ¬ęNo ech√©is a los inmigrantes, devolvednos el dinero¬Ľ, e incluso el [canto de] La internacional; pero a su vez, algunas consignas eran m√°s ambiguas o posiblemente de naturaleza derechista¬Ľ. El art√≠culo de la Plateforme tambi√©n menciona el ¬ętrabajo realizado en las √ļltimas cuatro semanas por grupos antifascistas responsables de la expulsi√≥n de grupos que aclamaban ser de la extrema derecha¬Ľ; incluyendo una referencia expl√≠cita a ¬ęla presencia significativa de j√≥venes de los suburbios en los disturbios¬Ľ, aludiendo as√≠ a las comunidades de personas de color y de origen √°rabe que normalmente habitan en las periferias empobrecidas de Par√≠s (¬ęMacron ne l√Ęche rien, le gilets jaunes non plus!¬Ľ 12-13-18 http://www.platenqmil.com/blog/2018/12/13/macron-ne-lache-rien-les-gilets-jaunes-non-plus).

El 28 de noviembre, el Comit√© Adama, en la declaraci√≥n contra el racismo y el asesinato policial, Los barrios populares junto a los chalecos amarillos, afirm√≥: ¬ęLos barrios populares se enfrentan a los mismos problemas sociales que las zonas rurales o periurbanas… se ven afectados por la pol√≠tica hiperneoliberal de Macron… Tambi√©n tardamos varias horas en coche para llegar al trabajo… Adem√°s, en algunos barrios nos enfrentamos a un 40 % de desempleo… A estas desigualdades sociales se les suman el racismo, las humillaciones cotidianas y la violencia policial. Esta violencia tambi√©n la experimentan los chalecos amarillos… No estamos cediendo el terreno a la extrema derecha, y reafirmamos nuestra posici√≥n contra el racismo… Llamamos a todos los residentes de los barrios populares a salir juntos y luchar por su dignidad el 1 de diciembre¬Ľ (Gilets Jaunes: Des cl√©s pour comprendre).

A pesar de algunas contradicciones, el impulso general del movimiento de los chalecos amarillos ha sido progresista: contra el neoliberalismo, contra la desigualdad económica, contra el Estado francés centralizado, y a favor de la democracia de base. Además, ha surgido fuera de los centros urbanos, en las mismas partes de Francia donde los neofascistas han obtenido gran parte de su apoyo. Veamos en mayor profundidad su composición social.

El peligro del Lassalleanismo

Las clases sociales, como los chalecos amarillos, que se movilizaron, no eran las t√≠picas representaciones de izquierda, al menos a ojos de los altos cargos de la izquierda global. Estaban mayormente formadas por poblaci√≥n rural, aut√≥nomos o trabajadores de empresas peque√Īas, por lo que los marxistas ortodoxos podr√≠an f√°cilmente catalogarlos dentro de la despreciable ¬ępeque√Īa burgues√≠a¬Ľ, ya que los ven como la base popular de los movimientos reaccionarios y fascistas.

Esta forma distorsionada de verlo, cuyas ra√≠ces se remontan al movimiento socialista alem√°n de Ferdinand Lassalle, se muestra como una tendencia rival a la de Marx, pero se convirti√≥ en una importante influencia fundadora de la Segunda Internacional (Socialista). Los lassalleanos consideraban a todas las fuerzas fuera de la clase obrera industrial como ¬ęuna masa reaccionaria¬Ľ. Para Marx, esto era una distorsi√≥n del Manifiesto Comunista, donde √©l y Engels declararon que ¬ęde todas las clases que se enfrentan a la burgues√≠a hoy en d√≠a, solo el proletariado es una clase revolucionaria¬Ľ. Sin embargo, Marx y Engels no quer√≠an despreciar el potencial revolucionario de otras clases no gobernantes y, por lo tanto, en su Cr√≠tica al Programa de Gotha, Marx respondi√≥: ¬ę¬ŅEs que en las √ļltimas elecciones se ha gritado a los artesanos, a los peque√Īos industriales, etc., y a los campesinos: Frente a nosotros, no form√°is, juntamente con los burgueses y los se√Īores feudales, m√°s que una masa reaccionaria? (Marx, Cr√≠tica del Programa de Gotha, 1875, Cap. 1 https://www.marxists.org/archive/marx/works/1875/gotha/ch01.htm).

El lassalleanismo forma una parte importante del origen intelectual del ¬ęobrerismo¬Ľ clasista reduccionista que sigue existiendo en algunas variedades del trotskismo. Tambi√©n est√° ligado a c√≥mo un gran n√ļmero de liberales estadounidenses declaran que las √°reas rurales pueden ser descartadas debido al cambio demogr√°fico (optimistas) o que estas √°reas continuar√°n controlando el Senado y, por lo tanto, arrastrar√°n al gobierno permanentemente a la derecha a pesar del voto popular (pesimistas). Pero, como muestra el movimiento de los chalecos amarillos dram√°ticamente, las √°reas rurales nunca han sido monol√≠ticas, ya que la poblaci√≥n rural tambi√©n sufre bajo el peso del capitalismo, ya sea en su etapa de monopolio de hace un siglo (lo que dio lugar a los populistas izquierdistas de EE. UU.) o en su etapa neoliberal de hoy (lo que ha dado lugar a los chalecos amarillos).

Adem√°s, si se est√° pensando en una verdadera revoluci√≥n social en oposici√≥n a la pol√≠tica electoral, o en golpes fascistas como una posibilidad real, incluso en rep√ļblicas democr√°ticas antiguas; se tiene que pensar tambi√©n en c√≥mo se podr√≠a superar el n√ļcleo duro del Estado, es decir, el aparato militar-policial. En ese caso, hay que tener en cuenta que, en la mayor√≠a de las sociedades, el grueso de los militares procede de las zonas m√°s rurales y que en numerosas ocasiones, desde la Comuna de Par√≠s de 1871 hasta los levantamientos democr√°ticos chinos de 1989, se enviaron tropas de las zonas rurales perif√©ricas para aplastar el movimiento. Lo lograron en gran parte porque el movimiento revolucionario no hab√≠a logrado extenderse a esas zonas rurales, algo que Marx se√Īal√≥ despu√©s de 1871 con respecto a la Comuna de Par√≠s de Francia. De no ser as√≠, esas tropas se habr√≠an pasado con mayor facilidad al lado de los revolucionarios, como ocurri√≥ en Rusia en 1917. En pa√≠ses como Estados Unidos, hay m√°s probabilidades de que se produzca un golpe fascista que una revoluci√≥n social. Pero es una raz√≥n m√°s para meditar por qu√© la izquierda necesita salir de los centros urbanos, y as√≠ interactuar y ganarse los sectores de la poblaci√≥n cuyos hijos e hijas se incorporan a las fuerzas armadas en cantidades may√ļsculas.

Esto no quiere decir que los grupos de clase media baja (peque√Īos burgueses) y las poblaciones rurales de los grupos √©tnicos dominantes (que no son miembros de grupos minoritarios oprimidos, al contrario que la poblaci√≥n rural de color en Estados Unidos o los kurdos en el Medio Oriente) han formado a veces la base social del populismo derechista y el fascismo, como lo han demostrado te√≥ricos de la talla de Le√≥n Trotsky y Erich Fromm, pero tal posicionamiento es producto tambi√©n del estado de formaci√≥n de las ideas y subjetividades revolucionarias en coyunturas hist√≥ricas espec√≠ficas, algo que nosotros, como izquierdistas revolucionarios, no podemos controlar, pero en lo que s√≠ podemos influir o ayudar a moldear.

La composición social del movimiento

En el contexto de Francia y otros pa√≠ses capitalistas industrialmente desarrollados de hoy, ¬Ņqu√© significa que los chalecos amarillos son m√°s rurales, m√°s de clase media y m√°s blancos que otros movimientos radicales recientes? Como se√Īala la Plateforme d’Enqu√™tes Militantes: ¬ęEn primer lugar, la composici√≥n social del movimiento. Este nuevo levantamiento se caracteriza por la movilidad descendente de las clases medias y las clases sociales en proceso de proletarizaci√≥n. Ciertamente, est√°n presentes los estratos familiares de funcionarios, trabajadores de servicios, asalariados de las cuencas industriales y estudiantes, pero toda una serie de otros segmentos sociales que luchan por llegar a fin de mes parecen estar a la vanguardia de la din√°mica: empleados de peque√Īas y medianas empresas, comerciantes, artesanos y la creciente pl√©tora de nuevas formas de trabajo independiente y precario. La unidad de esta diversidad social, m√°s all√° del rechazo a Macron y su pol√≠tica centrista (sea de derecha o de izquierda), radica en un sentimiento generalizado de haberse hartado [ras-le-bol], anclado en la materialidad de las condiciones de vida. La violencia de la movilidad descendente para algunos, la dureza del trabajo para otros; los que ven c√≥mo se derrumban sus derechos sociales o los que nunca los tuvieron; a los que de repente el futuro les parece mucho m√°s oscuro de lo que esperaban, y los que crecieron con un horizonte de expectativas en retroceso¬Ľ (¬ęOn a Ridgeline¬Ľ: Notes on the ‚ÄėYellow Vests‚Äô Movement¬Ľ, Viewpoint Magazine 6-12-18, https://www.viewpointmag.com/2018/12/06/on-a-ridgeline-notes-on-the-yellow-vests-movement/).

Otro aspecto nuevo y poco comentado es la gran presencia de mujeres entre los chalecos amarillos: ¬ęLas mujeres tambi√©n est√°n en las rotondas y bloqueos, encabezando las manifestaciones y actuando como portavoces. Se las puede ver en televisi√≥n dando al movimiento una imagen poco habitual, ya que son los hombres los que normalmente hablan durante los movimientos sociales. Las mujeres con chalecos amarillos tambi√©n denuncian las condiciones sociales que se les imponen; son las primeras v√≠ctimas de la precariedad, el desempleo y de las horas extra obligatorias. Todas son una fuerza vital para el movimiento¬Ľ (¬ęNous sommes le peuple¬Ľ, Gilets Jaunes: Des cl√©s pour comprendre https://www.syllepse.net/syllepse_images/gilets-jaunes‚Äďdes-cles-pour-comprendre.pdf ).

El soci√≥logo rural Beno√ģt Coquard ampl√≠a este punto: ¬ęEn mi opini√≥n, ha ocurrido algo notable: Hab√≠a casi tantas mujeres como hombres, aunque, como es t√≠pico, especialmente en las zonas rurales, son los hombres los que asumen las funciones p√ļblicas. Me atrever√≠a a decir que las mujeres tomaron la iniciativa de crear las reuniones p√ļblicas. Muchas veces, he visto por aqu√≠ a madres solteras divorciadas o a j√≥venes solteras que se ganaban la vida precariamente ¬Ľ (¬ęQui sont et que veulent les’gilets jaunes‘¬Ľ, entrevista en Contretemps 23/11/18 https://www.contretemps.eu/sociologie-gilets-jaunes/).

Los principales medios de comunicaci√≥n oscurecieron este hecho, a pesar de que las mujeres tambi√©n fueran golpeadas por la brutal represi√≥n policial; as√≠ lo mencion√≥ el fil√≥sofo Fr√©d√©ric Lordon: ¬ęMientras que France Info nos aliment√≥ hasta reventar con im√°genes de las ventanas del hospital de Necker y de un McDonald’s en llamas, ninguna noticia del mediod√≠a del pasado lunes [3 de diciembre] nos hab√≠a informado del asesinato de una mujer de ochenta a√Īos con una lata de gas lacrim√≥geno¬Ľ (¬ęEl fin del mundo¬Ľ, Verso Blog, 7 de diciembre de 2018 https://www.versobooks.com/blogs/4153-end-of-the-world ).

Tambi√©n debemos pensar en c√≥mo la clase obrera ha cambiado a lo largo de las d√©cadas del capitalismo neoliberal. Ya no existe la clase obrera de 1968, con sus gigantescas f√°bricas y sus poderosos sindicatos, desde luego ni en Francia ni en otros pa√≠ses industrialmente desarrollados; como se√Īala Jean-Fran√ßois Cabral: ¬ęLa realidad se ha vuelto m√°s compleja. Los que eran proletarios se han convertido en empresarios aut√≥nomos, ¬Ņtodos junto a los due√Īos de empresas peque√Īas que tienen que ensuciarse las manos? ¬ŅEso supone un problema?¬Ľ (¬ęDes gilets rouges aux gilets jaunes: la classe ouvri√®re introuvable?¬Ľ) Gilets Jaunes: Des cl√©s pour comprendre).

Problemas que no afectan solo a Francia. Lo que m√°s notable de los chalecos amarillos es el surgimiento de un movimiento contra la riqueza concentrada y su redistribuci√≥n, as√≠ como un sinn√ļmero de otras demandas progresistas; en un pa√≠s que estaba preocupado en 2017 por una victoria electoral neofascista y donde tanto el racismo y el sentimiento antinmigrante, como el sexismo, se encuentran niveles significativamente altos. Sin duda, los chalecos amarillos no son un movimiento anticapitalista, pero parecen ofrecer algunas posibilidades reales para una izquierda de masas que abarque a todos los trabajadores, sin importar su raza, g√©nero o nacionalidad.

Comparaciones y contextos

¬ŅC√≥mo podemos contextualizar a los chalecos amarillos seg√ļn los recientes levantamientos y movimientos populares de todo el mundo?

Varios comentaristas han relacionado las protestas espont√°neas y sin l√≠deres de los chalecos amarillos con las que se han producido desde las revoluciones √°rabes de 2010-11, cuando las masas tunecinas y egipcias derrocaron a sus aut√≥cratas. Estos a su vez inspiraron a Occupy, a los Indignados espa√Īoles y a otros movimientos similares fuera de Oriente Medio. Se echa en cara a los que todav√≠a piensan en t√©rminos de arriba y abajo sobre los movimientos radicales. El anarquista David Graeber a la luz del repentino surgimiento de los chalecos amarillos, de la ¬ęhorizontalidad¬Ľ como sustituta de los ¬ęviejos modelos ‘verticales’ o vanguardistas de organizaci√≥n¬Ľ; a√Īade que los ¬ęintelectuales¬Ľ necesitan ¬ęhablar menos y escuchar m√°s¬Ľ. (¬ęLos ‘chalecos amarillos’ muestran lo mucho que se mueve el suelo bajo nuestros pies¬Ľ, Brave New Europe, 11 de diciembre de 2018 https://braveneweurope.com/david-graeber-the-yellow-vests-show-how-much-the-ground-moves-under-our-feet). Es cierto que muchos movimientos revolucionarios, desde la toma de la Bastilla en 1789 hasta los que expulsaron a varios tiranos √°rabes en 2011, no han tenido liderazgo y han sido horizontales.

Sin embargo, el argumento de Graeber tiene dos limitaciones importantes. (1) Sigue dirigi√©ndose a la izquierda, d√°ndole lecciones y sin dialogar con los movimientos reales, como se ve en el hecho de que no cita un solo eslogan o voz de las protestas francesas, o cualquier otro para el caso. Contrasta eso con nuestra tradici√≥n marxista-humanista, que ha publicado cl√°sicos como el Coraz√≥n indignado: Diario de un trabajador negro, de Charles Denby, que registra las palabras de los que provienen de las capas m√°s profundas de los oprimidos, y donde no solo se describe y celebra el levantamiento de las masas desde abajo, sino que tambi√©n lo analiza en forma de cr√≠tica. (2) Lo que es m√°s importante, Graeber se esfuerza por negar la acusaci√≥n de que los chalecos amarillos son nihilistas o reaccionarios, simplemente los celebra sin plantearse cuestiones cr√≠ticas que los intelectuales, los te√≥ricos y los miembros de organizaciones radicales necesitan hacerse para apoyar de verdad tales movimientos. Por ejemplo, la Plaza Tahrir era un magn√≠fico ejemplo de subjetividad revolucionaria horizontal, pero al mismo tiempo, los elementos genuinamente revolucionarios no tuvieron la oportunidad de construir sus organizaciones o de desarrollar una perspectiva te√≥rica realmente l√ļcida. Esto dio como resultado su oscilaci√≥n entre, por un lado, aliarse con la Hermandad Musulmana conservadora, o por el otro, con los militares nacionalistas pero autoritarios (Gilbert Achcar, S√≠ntomas m√≥rbidos: Reca√≠da en el alzamiento √°rabe, Stanford University Press, 2016). Sin embargo, esto no significa que Graeber se equivoque al considerar los chalecos amarillos como parte de la tradici√≥n revolucionaria que comenz√≥ en 2011 y en la que desempe√Ī√≥ un papel tan crucial en Occupy Wall Street.

Un segundo contexto para los chalecos amarillos que no se ha notado mucho es el v√≠nculo con otros levantamientos rurales contra la opresi√≥n econ√≥mica durante el a√Īo pasado. En Oklahoma y Virginia Occidental, los profesores estadounidenses realizaron huelgas militantes y masivas la primavera pasada, logrando algunas victorias importantes. Las mujeres estuvieron al frente de muchas de estas huelgas, que ten√≠an como objetivo un salario tan bajo que los profesores tuvieron que buscar un segundo empleo para sobrevivir. Por su parte, los sindicatos de profesores se vieron m√°s arrastrados por los acontecimientos que en la posici√≥n de liderar estas huelgas. El hecho de que la militancia docente estallara m√°s masivamente en estos estados predominantemente rurales que hab√≠an votado abrumadoramente por Trump mostr√≥ que esas √°reas ten√≠an posibilidades radicales m√°s all√° de la imaginaci√≥n de los izquierdistas y liberales que todav√≠a estaban bajo el hechizo del paradigma lassalleano discutido anteriormente. Como concluye la investigadora de educaci√≥n Lois Weiner, ¬ęlos movimientos de los profesores est√°n sentando las bases para un nuevo movimiento laboral en el Sur¬Ľ (¬ęWalkouts Teach U.S. Labor a New Grammar for Struggle¬Ľ, New Politics 65, verano de 2018).

Un an√°logo menos discutido, pero a√ļn m√°s apto para los chalecos amarillos, se puede encontrar en las protestas iran√≠es y los disturbios en las zonas rurales del invierno pasado. A finales de diciembre de 2017 y hasta enero de 2018 se produjeron una serie de violentos levantamientos en 80 peque√Īas ciudades y zonas rurales que se cre√≠a que eran la base pol√≠tica del r√©gimen islamista. Como escribi√≥ en su momento un corresponsal an√≥nimo desde el interior de Ir√°n: ¬ęLas protestas se expandieron horizontalmente, cubriendo la mayor√≠a de las ciudades del norte, sur y oeste de Ir√°n. Las ciudades peque√Īas y los lugares m√°s alejados del centro, que antes de este movimiento eran bastiones del gobierno, se est√°n amotinando. Fue asombroso ver c√≥mo grandes cantidades de personas en peque√Īas ciudades del oeste de Ir√°n, que no estaban activas en crisis pol√≠ticas en el pasado, sal√≠an a las calles. En estas ciudades el tiempo entre la protesta callejera pac√≠fica y la toma de los centros del gobierno y el incendio de los mismos fue muy corto¬Ľ (Un marxista iran√≠, ¬ęLevantamiento de Ir√°n despu√©s de cinco d√≠as¬Ľ, Marxista-Humanista Internacional¬Ľ 1-3-18 https://imhojournal.org/articles/iran-uprising-five-days/ – ver tambi√©n los art√≠culos de ese mes de Mansoor M, Ali Kiani, y Ali Reza). Al igual que en Francia, zonas del pa√≠s a menudo tildadas de ¬ęreaccionarias¬Ľ pasaron a la vanguardia de las protestas que se debieron principalmente a agravios econ√≥micos: salarios en declive o impagados, desempleo, corrupci√≥n y favoritismo, y una mala gesti√≥n ecol√≥gicamente desastrosa de su suministro de agua. Si bien los derechos de la mujer no fueron un tema expl√≠cito en las protestas y disturbios, algunas manifestaciones importantes de mujeres contra el velo se produjeron durante el mismo per√≠odo. Muchos de los residentes urbanos que hab√≠an apoyado las anteriores protestas contra el r√©gimen se quedaron at√≥nitos, e incluso suspicaces, al no apoyar los nuevos levantamientos en las zonas rurales.

El movimiento de los chalecos amarillos tambi√©n tiene una resonancia particularmente francesa, a veces con matices nacionalistas. Por otro lado, recordemos que se trata de un pa√≠s cuyo sistema republicano moderno fue fundado a trav√©s de una de las grandes revoluciones sociales de la historia, la de 1789. Esa revoluci√≥n propici√≥ tanto la aparici√≥n de un sistema democr√°tico moderno que permitiese a los grupos laborales y socialistas organizarse y una nueva forma de sociedad de clases, el capitalismo, acompa√Īado de explotaci√≥n y opresi√≥n. Recordemos tambi√©n que esa herencia ¬ęrepublicana¬Ľ ‚ÄĒespecialmente la bandera tricolor y el himno nacional ¬ęMarsellesa¬Ľ‚ÄĒ ha sido utilizada, al menos desde la revoluci√≥n rusa de 1917, m√°s por el centro y la derecha que por la izquierda, que ha llevado la bandera roja y ha cantado la ¬ęInternacional¬Ľ. Adem√°s, la izquierda ha evitado ‚ÄĒpor buenas razones‚ÄĒ la mayor parte del lenguaje del ¬ępueblo¬Ľ en favor del de la ¬ęclase obrera¬Ľ o ¬ęclases populares¬Ľ. Por eso, fue un poco chocante para la izquierda francesa presenciar las protestas contra los ricos y contra el deterioro de las condiciones econ√≥micas acompa√Īadas del canto de la ¬ęMarsellesa¬Ľ, el ondear del tricolor y las referencias al ¬ępueblo¬Ľ franc√©s, especialmente cuando esas mismas protestas llamaban a la revoluci√≥n y a veces incluso a la guillotina. A menudo, la izquierda moderna tambi√©n ha tendido a mirar con recelo los movimientos locales contra los impuestos.

Pero como nos informa el historiador G√©rard Noiriel, la resistencia local al Estado por parte de los campesinos y otras clases populares ten√≠a una larga tradici√≥n en los siglos anteriores a 1789. En muchos casos esa resistencia se convirti√≥ en la oposici√≥n a los impuestos reales: ¬ęLas luchas contra los impuestos han desempe√Īado un papel extremadamente importante en la historia popular francesa¬Ľ, es decir, las luchas de las clases populares francesas prerrevolucionarias; por ejemplo, los campesinos y los artesanos. Durante muchos a√Īos, esto fue subsumido bajo los movimientos laborales y socialistas que apoyaban un estado m√°s fuerte y que canalizaban la ira de clase en una direcci√≥n reformista (¬ęGilets jaunes et les ‘le√ßons de l’histoire¬Ľ, en Gilets Jaunes: Des cl√©s pour comprendre; ver tambi√©n Richard Greeman, ¬ęSelf-Organized Yellow Vest Protest Movement Exposes Inequality and Hollowness of French Regime¬Ľ, New Politics Online 12-3-18 http://newpol.org/content/selforganized-yellow-vest-protest-movement-exposes-inequality-and-hollowness-french-regime).

En lugar de sacar conclusiones precipitadas, dado el cambio del capitalismo neoliberal y, más recientemente, el floreciente populismo de derechas y el neofascismo en los EE. UU., Francia, Italia, Alemania, Hungría y otros lugares; son temas que debemos tener en cuenta y debatirlos.

Es sorprendente que, hoy en d√≠a y contando con que el discurso marxista y socialista ya no domina la vida intelectual francesa ni juega un papel importante en el discurso p√ļblico, y tiene a√ļn menos influencia fuera de los centros urbanos, un movimiento haya adoptado (y adaptado) los relatos que los ciudadanos reciben en las escuelas p√ļblicas, que todav√≠a cubren los or√≠genes revolucionarios de la rep√ļblica.

Eso no hace que los chalecos amarillos sean un movimiento reaccionario, como se puede ver por su contenido y contexto social. En cambio, es un movimiento que expresa un tipo de ira y energía revolucionaria que podría realmente sacudir el país mientras que, al mismo tiempo, como muchas otras fuerzas sociales hoy en día, enfrenta el peligro de la seducción de la extrema derecha.

Un asunto que preocupa al movimiento del chaleco amarillo es que Macron o incluso el neoliberalismo, no es el problema en √ļltima instancia, sino el propio capitalismo. Es un sistema que desde hace algunas d√©cadas no ha podido elevar o siquiera mantener el nivel de vida que las masas lograron, en parte a trav√©s de sus propias luchas laborales y sociales, en los a√Īos 1945-75. Pero en este sentido, los portavoces de izquierda como Jean-Luc M√©lenchon de France Unbowed (o Bernie Sanders en EE. UU. o Jeremy Corbyn en el Reino Unido) tampoco ofrecen soluciones reales, sin contar con la falsa ilusi√≥n de un retorno al capitalismo de bienestar keynesiano.

Si los chalecos amarillos han logrado algo, ese algo ha sido exponer a Macron como un √ļltimo reducto del neoliberalismo, del tipo ¬ęlibre mercado¬Ľ que rechaza el nacionalismo √† la Trump y cree firmemente en la Uni√≥n Europea.

La cuestión de si un movimiento verdaderamente revolucionario basado en una sólida base teórica, que podría surgir en Francia o en cualquier otro lugar, sigue siendo la misma.

Pero los chalecos amarillos han abierto por lo menos una brecha, se han expuesto ante al pueblo franc√©s y el mundo, mostrando que la autogesti√≥n de las masas trabajadoras no solo es el arma m√°s poderosa que hemos tenido hist√≥ricamente, sino que permanece a la espera, afilada y lista para atacar. La pregunta es, ¬Ņen qu√© direcci√≥n y con qu√© fin?

. . .

[Nota del Traductor]

La revuelta francesa de los chalecos amarillos – Traducci√≥n a Espa√Īol

Traducci√≥n de Franc√©s a Espa√Īol de la reflexi√≥n de Kevin B. Anderson en su art√≠culo publicado en IMHO Journal sobre la revuelta pol√≠tica que tuvo lugar en Francia en 2019 y que fue conocida como ¬ęlos chalecos amarillos¬Ľ. Esta traducci√≥n ha sido realizada por Pierre Lecarre, traductor franc√©s en pr√°cticas, estudiante de pol√≠tica e historia por la universidad de Nantes, Francia. Pierre est√° en Espa√Īa realizando un curso de especializaci√≥n sobre traducci√≥n jur√≠dica con especial √©nfasis en la traducci√≥n de documentos notariales: escrituras, actas, poderes, testimonios, etc.

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